Realidad mixta para capacitación en seguridad
Tu plantilla sabe dónde esta el extintor. Otra cosa es saber utilizarlo. Conoce cómo la realidad mixta resuelve la capacitación que un PDF nunca hará.
Rogelio Cejudo

¿Cuántas personas de tu equipo han utilizado un extintor alguna vez en su vida?
No cuántas saben dónde está. No cuántas firmaron la lista del curso. Cuántas han jalado el seguro, apuntado a la base del fuego y sostenido la manguera mientras algo se quema frente a ellos. En la mayoría de las empresas mexicanas ese número ronda cerca de cero.
El problema no es que no capacitemos. Es cómo capacitamos.
Un ejemplo es la NOM-002-STPS-2010 la cual solicita que el personal esté capacitado en el uso del equipo contra incendio. La mayoría de las empresas cumple con un curso en salón o reunión improvisada, un PDF con el acrónimo PASS y una lista de asistencia firmada. El requisito queda cubierto. Pero la habilidad no.
Porque usar un extintor bajo presión no es un problema de información, es un problema de ejecución motriz. Y la ejecución motriz no se transfiere leyendo. Se transfiere haciendo.
La alternativa tradicional es la práctica con fuego real: charolas, combustible, extintores recargables, un espacio abierto y personal certificado. Lo cual funciona muy bien y es lo más cercano a la realidad. Esto también cuesta, requiere logística, genera residuos y es prácticamente complicado de montar en el piso 9 de un corporativo un jueves por la mañana.
Ahí es donde entra la realidad mixta
En los últimos años, en Sinergis, nos ha tocado montar experiencias inmersivas para activaciones corporativas de todo tipo. Y la conversación con el cliente comienza casi siempre igual: quiere realidad virtual porque suena impresionante. A los diez minutos, cuando le explicas cómo funciona una jornada real de activación, cambia de opinión solo, ve el potencial de la tecnología y para el equipo en general.
Ya que la realidad virtual te mete en otro mundo. Cierras los ojos por un momento y te encuentras en uno nuevo. Ahí empiezan los problemas prácticos: hay que acompañar físicamente a cada participante para que no se tropiece, hay que desinfectar el visor entre usuarios y tomar en cuenta que siempre hay un porcentaje de gente que sale mareada.
Ese mareo tiene nombre técnico, se denomina 'cybersicknes' y tiene una explicación bastante simple: tus ojos ven que te estás moviendo y tu oído interno insiste en que estás parado. El cerebro no sabe a quién creerle y lo resuelve con náusea. ¡Claro!, que en nuestras activaciones evitamos llegar a este punto.
Lo importante a resaltar es que la realidad mixta no tiene ese problema ya que nunca te saca de donde estás. Sigues viendo el piso, la pared, tus manos y a la persona que tienes enfrente. Lo que se agrega es el fuego, el humo, el extintor virtual y el sistema que evalúa si lo estás usando bien. Los ojos y el oído interno reciben la misma información. No hay problema con ello.

La aritmética que casi nadie hace antes de aprobar el concepto
Aquí va la parte aburrida que decide si la activación sale bien o si la gente se acuerda de la fila.
Una jornada de activación en oficinas es dura y con suerte, dura alrededor de cuatro horas útiles. Si la experiencia dura dos minutos, hay que sumarle el tiempo de colocar el equipo, dar la instrucción, quitarlo y limpiarlo. El ciclo real por persona se va a unos cuatro minutos. Eso da alrededor de sesenta participantes por estación en toda la jornada.
Ahora haz el mismo cálculo con una experiencia de diez minutos. Te quedan veinte personas en cuatro horas. Con una plantilla de trescientos colaboradores eso significa que el 93% de tu gente vio la fila y no la experiencia.
Por eso las activaciones corporativas que funcionan se diseñan al revés de como se suelen pedir: primero definimos cuánta gente quieres que pase, luego calculamos el tiempo por persona, y hasta el final decidimos qué cabe en ese tiempo. No al contrario.
Dos minutos alcanzan para que alguien identifique el tipo de fuego, tome el extintor correcto, ejecute la secuencia y reciba retroalimentación de si lo hizo bien. No alcanzan para una narrativa cinematográfica de tres actos. Está bien. Nadie va a llorar con un extintor.
Qué hace que una experiencia de este tipo funcione
El error tiene que ser posible. Si la experiencia está diseñada para que todos ganen, no enseña nada. El participante tiene que poder ser capaz de equivocarse de extintor (en el presente ejemplo en específico), apuntar a las llamas en vez de hacerlo a la base o vaciar la carga antes de tiempo. Ahí está el verdadero aprendizaje.
La retroalimentación tiene que ser inmediata y clara. Al terminar, el usuario necesita saber qué hizo bien y qué no, en una pantalla legible y en menos de diez segundos. Si el resultado llega por correo tres días después, no sirve.
El idioma importa más de lo que parece. Una experiencia en inglés en una planta o un corporativo en México excluye a buena parte de la gente que más necesita la capacitación. Producir en español no es un detalle de localización, es una decisión de alcance.
Y en la medida de lo posible, otorgar un premio. Suena banal y no lo es. En una activación voluntaria, la diferencia entre 60 y 200 participantes es que haya algo al final. El incentivo no compra el aprendizaje, pero sí apoya la primera vez que se ponen el equipo.
Esto no sustituye tu programa de capacitación
Y vale la pena decirlo claro porque hay proveedores que venden lo contrario. Una experiencia de realidad mixta no reemplaza el curso formal ni genera por sí sola la constancia que solicita el inspector. Lo que hace es resolver el espacio que el curso formal no resuelve: la parte del cuerpo.
En Sinergis consideramos que el modelo que mejor funciona es el combinado. El curso entrega el cumplimiento documental. La experiencia inmersiva entrega la memoria de haberlo hecho. Y la memoria de haberlo hecho es lo único que va a estar disponible el día que alguien tenga que tomar la decisión en tres segundos frente a un contacto que empezó a arder.
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Más allá del extintor
El caso del extintor es el más fácil de explicar, pero el mismo principio aplica a cualquier procedimiento donde equivocarse en la vida real sea caro: manejo de sustancias, protocolos de evacuación, uso de equipo de protección personal, procedimientos de planta.
La lógica no cambia. El error en simulación es gratis. En el pasillo, no.